Jaime Parladé, Marqués de Apezteguia, empezó su carrera colaborando con Duarte Pinto Coelho en la decoración del Hotel Guadalmina en 1.958, lo cual dio pie a la inauguración de la tienda de antigüedades  La Tartana en unos bajos junto a la Iglesia de la Encarnación de Marbella.  Se convirtió en el centro social de la época y desde esta se realizaron gran parte de las obras de decoración de esos años gloriosos de Marbella, siempre dirigidos por Jaime Parladé.

Realizó las villas y las casas de las familias y personajes de la vida social, la nobleza y la intelectualidad de Marbella y su costa, en el Marbella Club, Guadalmina y Sotogrande(….)
Desde el famoso bar de Menchu, pasando por el capricho morisco de la Duquesa de Alba y la fantástica Villa Santa Margarita para los Barones de Rothschild en el Marbella Club hasta los primeros apartamentos en Guadalmina Baja, los bungalows del Golf de Sotogrande y la reforma del Hotel los Monteros.

Hecho esto, lo dejó hasta cierto punto para crear el famoso Hotel La Fonda en el centro de Marbella y que fué el gran éxito de los 60. La Fonda le retuvo durante un número de años, reemprendiendo luego con trabajos en el extranjero para:
Lord Jacob Rothschild en Corfú, la Baronesa McHelen de Rothschild en Marrakech, Julio Iglesias en Miami, Conde Maximilian Bismarck en Hamburgo, Chalets en Gstaad para las familias March y Abelló, Harras en Deauville y residencia de Diana Ross en Connecticut, entre otros proyectos.

En los últimos años su prestigio le ha llevado fuera de la Costa del Sol para decorar varias residencias en Madrid y realizar casas de campo en Ciudad Real, Toledo y Palma de Mallorca.
Como gran amante de los jardines cuenta en todos sus proyectos con grandes paisajistas como Christopher Masson y Peter Bourguignon
También colabora muy frecuentemente con el gran arquitecto inglés Richard Lincoln con quien ha hecho importantes trabajos en Madrid principalmente.

La gran habilidad de Parladé es la mezcla de estilos, ya sea el lujo, lo clásico o lo moderno para conseguir un ambiente ya vivido y el shabby look es lo que le gusta de verdad. Pero lo que siempre prevalece es la calidad y que todo sea muy cómodo, para que el primer impacto de cualquiera de sus obras sea atractivo y acogedor.
Por ello siempre insiste que la calidad no tiene precio, y así como que no se le debe discutir el precio a los artistas. Además es vital que exista una confianza mutua entre el cliente y el decorador. Sus trabajos predilectos son las casas de campo o las reformas de las casas existentes, muy en especial las viviendas, pero se resiste a las discotecas, restaurantes y oficinas.
“En los trabajos de Jaime Parladé no hay normas, solo buen gusto e intuición.”